"Chávez: entre la maldad, la ambición y la estupidez." |
El actual mandatario de Venezuela, Hugo Chávez, está logrando un sitial en la historia, no sólo de su país, sino a nivel mundial. Son tantas las agresiones a la cordura más elemental que pone en peligro la estabilidad político-económico-social de gran parte de América Latina y hasta mundial que quizás logren nominarle para el Nobel de Química ...
Por esas cosas de los pueblos que no tienen la madurez política para calificar en el sistema democrático, Chávez se ha perpetuado en el poder con pretendida legitimidad logrando que su mandato se extienda a más de diez años desde que comenzó hasta el pretendido final, sino es que se extiende por más tiempo de acuerdo a sus propósitos.
Jamás en la Historia reciente, que recordemos nosotros, un gobernante víctima de una incontinencia diarreica verbal, ha despotricado tanto contra otros gobiernos y sistemas. Muchos dirán que Castro también lo ha hecho, pero habría que reconocer que con más maquiavélica y habilidosa cómplice maldad.
Chávez se ha apoderado de la rica nación venezolana como si fuera una finca de su propiedad distribuyendo millones de dólares a diestra y siniestra para comprar literalmente a otros gobernantes carentes de economía y de cerebro. Baste con citar a Daniel Ortega y Evo Morales o a la pareja Kirchner que llevan a la Argentina a paso de tango para convertirla en un arrabal triste y devencijado.
Después de todas las barbaridades, record de estupideces que ha hecho y ha dicho, entre ellas las que las FARC no son terroristas, ahora se aparece con que masca coca diariamente que le envía su amigo Evo y que "por eso tiene los bíceps que tiene...", ¿será que la coca también estriñe el cerebro?
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¿Se le fue un borrón
al maestro?... |
Uno de los escritores, si no el que más admiro, es Carlos Alberto Montaner. Aparte de su capacidad intelectual e histórica, posee una agudeza y una sutileza al escribir realmente digna de elogio, lo que nos lleva a leer con avidez sus artículos y libros, además de las coincidencias que en el pensamiento político nos unen.
Sin embargo, en uno de sus últimos artículos publicado en su sección fija de los Domingos, en el Nuevo Herald, nos motivó al atrevimiento de, si no corregirle la plana, por lo menos señalarle una feliz discordancia.
Con su acostumbrada agilidad periodística, Carlos Alberto hace un análisis de la influencia religiosa, o creyente, de los más importantes candidatos a la presidencia de los Estados Unidos en las próximas elecciones y mientras a uno se le imputa haber sido musulmán en su niñez, a otro ser mormón y a otros ser cristianos "a su manera" deduce que según su enfoque "Dios no tendrá vela en este entierro".
Es decir que las creencias religiosas no serán un factor determinante a la hora de la verdad electoral en Noviembre.
Aunque sin dudar que esta afirmación es interpretativa no podemos sustraernos a la tentación de "decir algo" al respecto.
Cuando uno se asoma en una noche estrellada y contempla ese inimaginable universo al cual el hombre con su inmensa sabiduría aun no ha alcanzado a explicar, se nos hace difícil, sino imposible, no darle "vela a Dios" en un acontecimiento en el que todos los votantes deben tener su vela aunque ello nos lleve a la triste situación de volver a votar "por el menos malo".
Interprete el buen amigo Carlos Alberto, estas pretenciosas líneas como un pequeño desahogo, nunca como una crítica a su extraordinaria y meritoria labor no sólo analítica, sino orientadora, de alguien que nunca le negará "vela a Dios" en ninguna situación humana en que tome parte y que si se prescinde de él en cualquier actividad, la misma está condenada al fracaso.
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