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Por Manolo Campa
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En broma y
en serio |
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Soy de aquellos hombres que
iban al médico sólo cuando estaban enfermos. Ahora, de acuerdo con la nueva
medicina preventiva, lo visito por lo menos una vez al año sintiéndome bien y
salgo de la consulta preocupado hacia el bufete del abogado para hacer
testamento y de ahí sigo a las oficinas del cementerio para comprar mi
sepultura. Sintiéndome como un roble, el galeno me
informa que padezco de un mal que llaman "el asesino silente":
tengo la presión arterial llegando a los bordes donde se puede considerar
"alta". Me entrega una hoja
con un plan de alimentación parecido al que siguen esas modelos que parecen
esqueletos exhibiendo trapos multicolores. leer |
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