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Con aire sereno, Fray José mira asombrado a los policías nacionales que han irrumpido en la sala capitular del convento para reclamar la presencia de los 107 frailes de la comunidad agustina de San Lorenzo del Escorial. En un legajo mal escrito traen órdenes del ministro de Gobernación que convierten a todos los religiosos en prisioneros de su propio monasterio.
No han sido buenas las noticias que han estado llegando desde el mes de julio; conventos, iglesias y monasterios saqueados e incendiados; el patrimonio de la Iglesia confiscado, antiguas imágenes
sagradas y obras de arte destruidas. Graves rumores avisan de asesinatos de obispos, sacerdotes y religiosas, y Fray José López Piteira, religioso de la Orden de San Agustín, está convencido de que el martirio es una posibilidad muy cercana, que deberá compartir con sus hermanos de vida religiosa.
Nacido en San José de Arroyo Blanco, Jatibonico (provincia de Camagüey, Cuba), el 27 de marzo de 1913, José López entró a los 16 años en el convento de Nuestra Señora del Buen Consejo de Leganés, para comenzar allí su noviciado como religioso agustino. Profesó sus votos solemnes en la comunidad del Escorial, el 16 de julio de 1934, día de Nuestra Señora del Carmen, y fue ordenado diácono el 8 de septiembre de 1935, fiesta de Nuestra Señora de la Caridad, patrona de Cuba.
De mediana estatura, rubio y de buena presencia, su carácter bondadoso se hace sentir en la comunidad, que aprecia su afición por la música y ha reconocido en el joven religioso a un estudiante dedicado, entusiasta y alegre, observante de las reglas y deberes de la orden; de vida realmente ejemplar, con una muy decidida y firme vocación; un hombre feliz apoyado en una intensa vida de oración y piedad.
El 6 de agosto de 1936, los 107 frailes del Escorial fueron llevados en tres camiones a los calabozos de la Dirección de Seguridad de Madrid. A la noche los trasladan al colegio de San Antón, expropiado a los padres escolapios y convertido en prisión por el ministro Galarza.
Rápidamente, la familia de Fray José intenta mover los hilos de la diplomacia para conseguir su libertad, y acude al Ministerio de Asuntos Exteriores de la República, ya que el joven estudiante es ciudadano cubano y, por tanto, extranjero en España. Pero él no quiere acogerse a este privilegio, que lo apartaría de sus hermanos; no quiere salvar su vida, si su comunidad la pierde: "Están aquí todos ustedes que han sido mis educadores, mis maestros y mis superiores. ¿Que voy hacer yo en la ciudad? Prefiero seguir la suerte de todos y que sea lo que Dios quiera".
Fueron casi cuatro meses de sufrimiento, de hambre y malos tratos. Finalmente, un juicio sumario los condenó a muerte sólo por ser religiosos. El 30 de noviembre de 1936, día de San Andrés, apóstol y mártir, a primeras horas de la mañana, lo sacaron de la prisión y lo despojaron de todo lo que llevaba encima; le ataron las manos a la espalda y junto con otros 50 agustinos lo asesinaron de un tiro en la cabeza en las afueras de Madrid, en Paracuellos de Jarama. Murió, como todos los demás, perdonando a sus verdugos, sin odio alguno, en la entereza de la fe, lleno de valor y fortaleza cristiana, mientras gritaba "¡Viva Cristo Rey!"
Tenía 23 años de edad y sólo le faltaba uno para ser ordenado sacerdote.
La próxima beatificación de Fray José López Piteira es un regalo providencial del Espíritu Santo: que el primer cubano elevado al honor de los altares sea precisamente un mártir de la persecución religiosa desatada por los comunistas en España, es un signo extraordinario de la delicadeza de Aquel que mueve todos los hilos de la historia, y una comprometedora invitación a dar testimonio de la fe y el amor a la Iglesia, hasta las últimas consecuencias.
Serán beatificados 498 mártires
Fray José López forma parte de un grupo de 498 mártires que serán beatificados en Roma en el otoño de este año, posiblemente el 28 de octubre. Entre ellos hay dos obispos, veinticuatro sacerdotes diocesanos, cuatrocientos sesenta y dos religiosos, un diácono, un subdiácono, un seminarista y siete laicos. Dos son hermanos de la Salle, nacidos en Francia, un dominico y un carmelita mexicanos, y un agustino cubano.
Ciento cuarenta y cinco tenían entre veinte y treinta años de edad; había también algunos muy jóvenes, de 16 y 19 años, y también un buen grupo de venerables sacerdotes muy ancianos.
Otras muchas causas de beatificación, que aglutinan a varios miles de mártires, están actualmente en proceso a través de la Oficina para las Causas de los Santos de la Conferencia Episcopal Española y la Congregación de las Causas de los Santos, en Roma. Uno de estos mártires es un hijo de la Casa de Beneficencia, Fray Jaime Oscar Valdés, O.H., religioso cubano de la Orden de San Juan de Dios, nacido en la Habana, en 1891.
El 7 de agosto de 1936, mientras estaba a cargo de la ropería del Asilo-Hospital de la Malvarrosa, en Valencia, pistoleros de la izquierda republicana allanaron violentamente el hospital infantil; luego de revisar y revolver cada rincón de la casa, detuvieron a todos los hermanos de San Juan de Dios y los asesinaron en dos grupos.
Fueron fusilados en los Oliveretes, cerca de los muros del cementerio del Cabañal, junto a la vía del tren de Barcelona. Los ametrallaron mientras los religiosos gritaban "¡Viva Cristo Rey!"
Fray Jaime Valdés tenía 45 años de edad y llevaba 22 años sirviendo día a día a los enfermos como hermano hospitalario de San Juan de Dios.
En el siglo XX, por dar testimonio de su fe, miles de cristianos murieron en México, en Corea del Norte, en China, en Albania, en Alemania, en diversos países de África, en el Líbano, en Cambodia, en América Latina, y en casi todos los países del mundo.
La Iglesia Ortodoxa Rusa perdió más de 200,000 miembros, entre obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas que fueron asesinados violentamente durante la persecución desatada en Rusia en los años 30.
Desde el 28 de octubre próximo, el Cari |