Palmas Amigas

Sección a cargo de Mayda Cuervo Leal


Salutación a Cuba

(20 de Mayo de 1902)

Hernando D´Aquino

 

¡Salve, Cuba! ¡Salve, Patria!

Rosicler de la alborada...

Tú la más fúlgida joya

de las vitrinas indianas.

¡Salve estrella de los mares!...

que alumbrando al peregrino

en su camino,

le conduces al regazo de tus playas.

¡Salve, oh tierra hospitalaria;

patria homérida;

suelo heroico de epopeyas legendarias;

cuna augusta de poetas y guerreros;

canto y sangre en la floresta...

Las tizonas de los Cides Campeadores,

Las adargas y las lanzas

de hijosdalgos de La Mancha...

aún se siente retumbar en las batallas...

y los pasos vencedores

por los llantos y las cumbres escarpadas.

Y así fuiste emancipada

de las faldas

de la altiva y dolorosa Madre España,

pues que corren por las venas de tus hijos

sangre y fuego del bizarro Don Rodrigo,

el de Díaz de Vivar...

¡Salve, princesa antillana!

¡Venid musas del Parnaso,

al rumboso festival,

que está naciendo mi patria.

¡Cuba mía!

los aedos que hoy te cantan

a porfía

con los vientos y las olas encrespadas;

con los timbres más sonoros

de enloquecidas campanas,

con el alma

te saludan.

¡Al reventar de las cuerdas

en el tañer de las arpas!...

¡Salve, Cuba!

¡Salve, Patria!

 

 

 

El hijo

Emilio Ballagas

 

Si la raíz se cambia en primavera

y en colibrí la rama reflorece

es porque el árbol de la cuna mece

la sangre iluminada en lo que espera.

 

Si la mano coincide con la esfera

y el corazón con el amor que crece

es porque ya lo que de mi perece

halló compensación más duradera.

 

Porque toda la luz que de esta zona

alumbra los contornos de mi vida

pide maciza forma de corona.

 

A tiempo que al huir desvanecida

en aguas primerizas se sazona

y su pasar y su pesar olvida.

 

 

Recuerdo del campo

Oscar Pérez Moro

Recuerdo, de tu arroyo, los rumores,

de la mujer campestre la sonrisa,

las alas invisibles de la brisa

y la imparable esencia de las flores.

 

Recuerdo las riberas de tus ríos,

tus palmas, tus bosque, tus llanuras,

la humildad de tus gentes,

                           siempre puras,

como la candidez de tus bohíos.

 

Yo quiero estar allí, con tus sinsontes,

sintiendo la frialdad de la mañana

y el aroma salvaje de tus montes.

 

Ver como brilla el sol en la sabana,

hacer mías las penas que confrontes,

para sentirte, Cuba, más cercana.

 

 

 

A mi madre

Julián del Casal

 

  No fuiste una mujer, sino una santa

que murió de dar vida a un desdichado,

pues salí de tu seno delicado

como sale una espina de una planta.

 

Hoy que tu dulce imagen se levanta

del fondo de mi lóbrego pasado,

el llanto está en mis ojos asomado,

los sollozos comprimen mi garganta,

y aunque yazgas trocada en polvo yerto,

sin ofrecerme bienhechor arrimo,

como quiera que estés siempre te adoro,

 

porque me dice el corazón

                         que has muerto

por no oírme gemir, como ahora gimo,

por no verme llorar, como ahora lloro.

 

 

 

A mamá

José Antonio Godoy

 

Contemplaba absorto el mar

en la mañana de ayer,

pero quedé sin saber

si es más hondo que mi amar.

 

Volví luego, y al volver

al abismo a preguntar,

no me quiso contestar

si es más hondo mi querer.

 

Por tercera vez lo mismo

volvía inquirir del abismo

cuando la noche se cierra...

 

con un sonoro murmullo

dijo su voz: como el tuyo

no hay otro amor en la Tierra.

 

 

 

Miro al sur

Cástulo Gregorisch.

 

Miro al sur...

esperando poder ver

              el perdido paraíso

que desde lo lejos me llama.

 

Miro al sur...

con ojos de nostalgia

del que ha perdido la patria.

 

Miro al sur...

como si con la mirada

lograra yo ver sus palmas.

 

Miro al sur...

a través de la distancia

del cruel mar que nos separa.

Miro al sur...

con lentes de la esperanza

que mis deseos engaña.

 

Miro al sur...

como sediento que busca

oasis con fresca agua.

 

Miro al sur...

tratando de penetrar

una infranqueable muralla.

 

Miro al sur...

y con la vista nublada

por un torrente de lágrimas,

Miro al sur.

 

 

 

La Palma

Agustín Acosta

 

Multiplica el encanto de la flora

la rústica esbeltez de su figura,

es un guardián que tenebroso explora

las pérfidas regiones de la altura.

 

Timbre de nuestro escudo, en él concreta

el ideal que trasmutóse en gloria.

Símbolo inalterable que interpreta

lo más puro y viril de nuestra historia.

 

Pródiga de sí misma, se da entera:

ofrece hogar y pan a la manera

de una laica y fecunda eucaristía.

 

Y sola... o en fraterna guardarraya,

en un silencio que al final estalla

en una rumorosa sinfonía.

 

 

 

Mi bandera cubana

Esther Morales de Pritchard

 

A ti... bandera de mi Cuba amada

quisiera acariciarte en estos versos,

convertido mi pecho en llamarada

hoy te hubiera cubierto con mis besos.

 

Te vi tan bella, transparente y pura

junto al Altar Divino del Señor,

que no pude llegar hasta tu altura

y feliz te besaron mis ojos con amor.

 

¡Ay! Sentí en los más hondo de mi alma

la tragedia de mi Patria escarnecida,

cerré los ojos y perdí la calma

ante tanta impotencia estremecida...

 

¡Mi bandera querida, mi bandera cubana!

Si en mi triste destierro no he de volver a verte:

¡Que te bese mi alma, mi bandera lejana

y soñando contigo me recoja la muerte!

 

 

 

“Añorado regreso”

Lucía Blanco

   

Señor, tú que hiciste el mundo, con la noche y el día.

Tú, que todo lo puedes, tú, que todo lo das,

Tú, que inspiraste en mi alma la poesía.

Haz que a mi patria yo pueda regresar.

 

Señor, no importa si en invierno fuera

O esperara la hermosa primavera,

O en el verano, el otoño, que más diera.

No alargues demasiado esta espera.

 

Señor, mira que está el ocaso ya sobre mi vida

Y siento la tristeza del destierro.

Quiero volver a mi patria tan querida.

Apresura por favor, este regreso.

 

Señor, no ves que estoy errante, sin camino.

Sin cielo azul, sin montañas, sin ríos.

Ten piedad de mi triste destino 

-de esta pobre alma, que se muere de frío.

 

Señor, no quiero seguir siendo una extranjera.

A mi patria adorada, yo quiero regresar.

Apura este viaje antes de que muera.

Pero nunca esclava, Señor, jamás sin libertad.