MONSEÑOR BOZA MASVIDAL EN MI VIDA (FINAL)

Por Roberto Cortés Saínz


III

La Revolución Cubana triunfa en Enero de 1959. Esta cuenta con el apoyo de todos. Mons.Boza intercedió por muchos jóvenes para sacarlos de las prisiones, así como que escondió en la Parroquia a otros que eran perseguidos por el régimen, y a otros les procuró asilo en alguna embajada extranjera.

Pero lamentablemente esta revolución traicionó a todos, y lo que era una revolución humanista, con intenciones de rescatar a los más humildes, se convirtió en una férrea dictadura comunista.

Desde los primeros meses del triunfo revolucionario, Mons. Boza Masvidal, fue muy crítico con los sucesos que estaban ocurriendo en el país, tales como: exclusión de todos los capellanes del Ejército Rebelde, eliminación de los católicos de las dirigencias de la Confederación Obrera y la Federación Estudiantil Universitaria; crecimiento de los fusilamientos con juicios sumarísimos; difamación de personas que se quería destruir y estorbaban a los planes de la revolución; supresión del nombre de Dios de la Constitución; los nexos estrechos con la extinta Unión Soviética y otros más.

El habló públicamente, escribió innumerables artículos en el Boletín Parroquial y en la Revista La Quincena y también en algunas oportunidades en el periódico Prensa Libre, hasta su intervención.

El bautizo de Zeus, nuestro nieto, en la Parroquia

Ntra. Sra. de la Caridad, Caracas

Lamentablemente en aquel momento, recibió muchas críticas, porque nadie pudo ver tan claro como él, la verdadera raíz, sentido e intención del régimen marxista que se estaba implantado lenta y engañosamente en nuestra patria.

En el propio enero de 1959, y de común acuerdo el P. John Kelly, agustino, Rector de la Universidad de Santo Tomás de Villanueva y el Sr. Cardenal Mons. Manuel Arteaga, le propusieron que asumiera el rectorado de esa institución, ya que los sacerdotes norteamericanos no eran bien vistos por el régimen y en aquel momento, el P. Boza gozaba de prestigio y de simpatía, por haber contribuido en la lucha contra el dictador Batista. Además por ser cubano y Doctor en Filosofía y Letras, reunía las condiciones necesarias para tal investidura.

Esto no lo apartó en ningún momento de su querida parroquia, al contrario, redobló su espíritu de sacrificio para cumplir con ambas responsabilidades.

Recuerdo que celebraba la misa de 6:30 a.m. y después de ventilar asuntos de rutina, marchaba a la Universidad y allí estaba hasta las 4 p.m., que regresaba a la Parroquia.

Entretanto las cosas se iban complicando, la revolución se radicalizaba cada vez más. La orientación marxista-leninista era ya muy clara y esto provocó la lucha clandestina contra el gobierno.

Se repetía la historia de los tiempos de la dictadura de Batista, denunciar abusos, esconder a los perseguidos, buscar asilo político, llevar alivio a los presos y a sus familias.

Sus actividades pastorales crecían. Hubo un tiempo en que añadió a sus actividades, el ir a celebrar misa a las Embajadas de Costa Rica, Brasil, Venezuela y otras.

Y llegó el año de 1960. Su Santidad Juan XXIII, lo elige como Obispo Auxiliar de La Habana.

Años atrás había hecho un voto de no aceptar el Episcopado si era elegido, pero el Nuncio insistió y le dijo que el Papa quería que aceptara, por lo que lo dispensaba de dicho voto.

Fue el día 15 de Mayo de ese propio año, en la Catedral de la Habana. Recuerdo que él nos llevó a otro acólito y a mí en el carro para asistir a su consagración, la cual fue muy lucida y al menos para mí, muy emocionante.

Nunca había tenido a un obispo tan cerca, y en este caso era “nuestro padre obispo”, el cual nos pidió que le siguiéramos llamando el P. Boza.

Su lema de episcopado “No he venido a ser servido, sino a servir”, tomado de Mat.20,28, como dije en un artículo cuando cumplió 40 años de su consagración episcopal, fue su divisa, fue su bandera, lo hizo realmente vida.

A pesar de habérsele asignado un auto para sus funciones, de acuerdo a su nueva jerarquía, andaba por nuestro barrio a pie, visitando enfermos, o visitando los colegios que estaban en el área de su parroquia.

El servicio fue para él no una meta, sino su propia vida.

A inicios del año 1960, la Iglesia lanzó una campaña catequística de carácter nacional titulada “¿Este niño será creyente o ateo?”, tratando de despertar conciencias en la población. El afiche mostraba el rostro de un niño pequeño.

El P. Boza promovió una colecta con los alumnos mayores de la Escuela Parroquial, para recoger fondos para la Catequesis.

Salíamos a la calle de dos en dos con unas “jarras-alcancías” é íbamos de casa en casa. En casi todos los hogares nos recibieron muy bien y colaboraron.

El lanzamiento fue hecho en la TV por CMQ Canal 6. Nos llevaron y nos entrevistaron en un programa que había al mediodía.

Para contrarrestar el gran efecto de la campaña, el Estado lanzó otra con la imagen del mismo niño, pero con otros colores de fondo, con el siguiente mensaje: “¿Este niño será patriota ó traidor?”.

Ya se vislumbraba claramente el gran clima de confrontación que se empezó a respirar durante los primeros años del régimen castrista.

El 7 de Agosto de 1960 la Conferencia Episcopal a iniciativa de algunos obispos, entre ellos, Mons. Boza, hizo pública una Carta Pastoral, en la que apoyaba todas las medidas positivas a favor de los más pobres, pero a su vez se denunciaba la desviación hacia el marxismo, que fue en realidad la frustración de todos los esfuerzos y sacrificios de un pueblo.  

Esta pastoral unida a una Carta Abierta dirigida a Fidel Castro en diciembre del propio año, creo que fue el detonante para que el gobierno decidiera enfilar sus ataques contra la iglesia y sus pastores.

Al año siguiente, al producirse la Invasión de Bahía de Cochinos, fue apresado junto a otros obispos y sacerdotes, estando doce días en las celdas del temido G-2.

Debido a la gran represión que siguió a esta fecha, comenzaron a llegar a nuestra parroquia varios sacerdotes, entre ellos, los padres, Bazán, Cortina, Lebroc, Botey, Oves y otros que venían de Camagüey, por haber tenido problemas en sus parroquias.

Había misas a todas horas e incluso simultáneas, ya que tantos sacerdotes, unidos a Mons. Boza y a su Vicario el P. Agnelio Blanco, formaron una verdadera comunidad sacerdotal.

El P. Agnelio Blanco merece un capítulo especial. Lo conocí muy joven, cuando fue nombrado Vicario Cooperador de Mons. Boza en la Parroquia de la Caridad.

Excelente sacerdote, el cual ha dedicado su vida, aparte de cumplir con su ministerio sacerdotal, a colaborar, ayudar, apoyar, y velar por Mons. Boza Masvidal. Nunca había visto yo una fidelidad tan grande, que soportó las dificultades de la represión en Cuba, las cárceles, la expulsión, el exilio y las enfermedades.

Lo acompañó en el exilio y ahí estuvo con él hasta su lecho de muerte.

Hoy en día es el Párroco de la Catedral de Los Teques donde reposan sus restos.

Con este sacerdote, hice gran amistad, lo acompañaba como acólito en sus misas, en las visitas a enfermos, velorios, entierros, a celebrar misa en otras parroquias. Amistad que aún conservo a pesar de los años.

IV

Y llegó el 8 de septiembre, fecha de la fiesta de nuestra patrona, la Virgen de la Caridad del Cobre. La fiesta cayó día entre semana, por lo que la procesión siempre se hacía en estos casos el domingo siguiente a la fiesta.

Después de que fuera otorgado el permiso para la procesión, el gobierno cambió inesperadamente la hora de la misma, pero sin tiempo.

Los padres anunciaron que no habría procesión, ya que no había tiempo de avisarle a los fieles el cambio.

Recuerdo que Mons. Boza le dijo a mi mamá y a otras madres de acólitos, que no nos enviaran por la tarde, ya que no habría procesión.

Pero en la tarde, se empezaron a congregar muchas personas para dicha procesión, las cuales no se habían enterado de que había sido suspendida.

Al enterarse las personas, los ánimos se caldearon, y aunque el P. Bazán llamó a la calma, al celebrar la misa de las cinco de la tarde, la multitud estaba muy exaltada.

Comenzaron gritos en contra del gobierno y de una casa vecina lanzaron un cuadro de la Virgen de la Caridad.

Ante la gente tan enardecida los milicianos y soldados comenzaron a disparar, cayendo muerto un joven, además de algunos heridos que fueron atendidos en la Sacristía de la parroquia.

A pesar de la advertencia de Mons., diciendo que iba al cine, dirigí mis pasos a la parroquia. Llegando estaba la cosa en su más grande efervescencia. Recuerdo una multitud adicta al régimen, con palos y cabillas golpeando la puerta de la sacristía, (yo tenía ya catorce años) intentando asaltar la iglesia por el fondo. En ese momento oigo una voz que grita, ¡mira, ese es de allá dentro, de los curas!, y me empiezan a seguir. Yo echo a correr y una señora en la calle Campanario, me refugia en su casa, que tenía un gran portón de madera, y no me deja salir, hasta entrada ya la noche, cuando las cosas se había medio que controlado.

Todo esto ocurrió el domingo 10, y el martes 12, Mons. Boza fue detenido en la puerta de la Nunciatura, cuando iba a informarle al Nuncio de todo lo ocurrido.

Después de ese día no lo vimos más, ya que el día 17 lo sacaron de los calabozos del G-2 (Policía de Seguridad del Estado), con días sin bañarse, y sin ninguna pertenencia personal hacia el Barco español Covadonga, junto a otros 131 sacerdotes, entre ellos el P. Agnelio Blanco.

Después de su expulsión, nos seguimos comunicando a través de cartas, sobre todo los días de Navidad y otras fechas de importancia.

Al año siguiente, en 1962, yo contaba con 15 años de edad, y mis padres deciden sacarme del país, sobre todo por el miedo que había en aquel momento, que era el ejercicio de la patria potestad de todos los menores por parte del estado.

Mi madre se comunica con Mons. Boza, le explica la situación y quedan en que me enviara al extranjero, que el me procuraría un destino, debido a que el estaba en esos momentos, entre otras cosas ayudando en la Operación Pedro Pan (Peter Pan). Esto que no se consumó, debido a que en octubre de 1962, se desencadenó la conocida “Crisis de los misiles” y fueron suspendidas todas las salidas del país.

Continuamos el contacto y en el año de 1987, a raíz de una visita breve de una semana a Cuba, me entrevisté con él en la Parroquia de la Caridad donde celebró una misa inolvidable, la cual a pesar de no haberse anunciado la visita, estuvo concurrida.

En el año de 1994, a propósito de nombrar Cardenal a nuestro Arzobispo de la Habana, Mons. Jaime Ortega, la hija segunda nuestra formó parte de la delegación que fue a Roma y España desde Cuba y estando en Roma vio a Mons. Boza, se identificó con él, le dijo de quien era hija, conversaron y nos envió su bendición.

Mediante sus gestiones en el año de 1996, logré salir de Cuba junto a mi esposa y mis tres hijos rumbo a Venezuela, donde residí por ocho años.

El nos manifestó el deseo de que nos quedáramos en Los Teques para ayudarlo en tareas pastorales de familia, ya que en Cuba habíamos tenido esa experiencia por muchos años, ya desde la Pastoral Familiar y desde nuestra afiliación al Movimiento Familiar Cristiano del cual fuimos fundadores, pero la situación económica nos hizo mudarnos hacia La Guaira, en el Estado Vargas.

No obstante, mantuvimos siempre contacto con él mediante llamadas o visitas a Los Teques. Era raro el mes que no nos llamara para saber como nos iba, de nuestra salud, en fin estaba al tanto de nuestra naciente vida en Venezuela.

Comenzamos a asistir los segundos domingos de mes a la Parroquia de Ntra. Sra. de la Caridad en Caracas, donde los cubanos se reunían junto a  él para rezar por Cuba.

En febrero de 1997 nació mi único nieto y tuvimos la dicha de bautizarlo en esa parroquia y de manos de Mons. Boza.

Estuvimos con él hasta el último domingo que celebró misa en la Parroquia de la Caridad, a pesar de que ya estaba muy enfermo.

La noticia de su deceso fue un golpe muy duro para toda nuestra familia.

Estuvimos en sus funerales. Fue una gran demostración de duelo. Todos querían darle el ultimo adiós al “padre Obispo”.

Su féretro cubierto con las banderas de Cuba y Venezuela fue llevado en procesión por las calles aledañas a la Catedral hasta la cripta donde fue enterrado al compás de los himnos nacionales de Cuba y Venezuela y de las emblemáticas canciones “Guantanamera” y “Cuando salí de Cuba”.

Aquel hombre, cubano, camagüeyano, sacerdote y obispo que siempre tuvo presente servir a la Iglesia en Cuba, fue obligado a marchar al exilio, escogiendo a Venezuela como nuevo lugar para ejercer su ministerio.

Ultima Misa que presidió en 

la Parroquia de La Caridad, Caracas. 

En la foto, además de mi esposa y yo, 

aparecen también el P. Aurelio Ferrín.

Mi familia y yo estamos muy honrados y agradecidos a Dios por haber convivido con un hombre que fue muy cubano, muy patriota, pero sobre todo muy cristiano, y muy santo.

Amó y sirvió a todos. Nunca se le escucho una palabra de odio o de resentimiento contra aquellos que no lo querían bien, por el contrario siempre rogaba por ellos y les extendió su perdón.

La Iglesia ha perdido un gran pastor, que no dejó nada material en herencia, pero si una vasta riqueza espiritual, reflejada en sus escritos, en sus enseñanzas y homilías y en su propia vida, pero la propia Iglesia ganó un nuevo santo que desde lo alto va a rogar por una Iglesia más unida y más robustecida en la fe, e intercederá también por la patria que lo vio nacer: Cuba, y por la patria que lo recibió con los brazos abiertos: Venezuela.

En este nuevo aniversario de su fallecimiento honremos su memoria y pidámosle al Señor de la Historia, vencedor del mal, que como el lo soñó, podamos un día no muy lejano, hacer que reposen sus restos en una Cuba libre.

cortesainz@yahoo.es 

Bibliografía:  

-Breve biografía de Mons. Eduardo Boza Masvidal: Caridad Martínez

-Notas autobiográficas: Mons. Eduardo Boza Masvidal