LA OBRA SOCIAL DE LA IGLESIA CATOLICA EN CUBA [1]


Por Dr. Salvador Larrúa Guedes

Aunque hable las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. Aunque tenga el don de profecía, y conozca todos los misterios y toda la ciencia; aunque tenga plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy. Aunque reparta todos mis bienes, y entregue mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha... 1 Cor. 13: 1 – 3

La educación católica

Al terminar la dominación española en Cuba y con ella el monopolio espiritual ejercido por la Iglesia Católica, se implantó la enseñanza laica a partir del nacimiento de la República y la puesta en vigor de la Constitución de 1901, con lo que comenzaron a surgir numerosas escuelas públicas donde no se impartía la enseñanza religiosa. Pero justo en esos momentos, el esfuerzo que realizaba el país en materia de educación tuvo un sólido refuerzo gracias a los aportes de la Iglesia, cuando comenzaron a llegar a la Isla, casi desde el nacimiento del siglo, numerosas congregaciones católicas masculinas y femeninas que comenzaron a abrir escuelas y se dedicaron a la enseñanza de niños y jóvenes. Las familias que querían que sus hijos realizaran su primer aprendizaje adquiriendo al mismo tiempo conocimientos de su religión, que no eran pocas,  desde ese momento, matricularon a sus hijos en esas escuelas. Los colegios religiosos abrieron sus puertas en todo el país y con ellos llegó, junto con la enseñanza religiosa, la pedagogía más moderna.

 Obras de las congregaciones religiosas para la enseñanza

Si es innegable que la Iglesia Católica aportó la mayor parte de los centros de enseñanza en la época colonial, resulta impresionante su contribución a la enseñanza desde la inauguración de la República de Cuba el 20 de mayo de 1902. Tan sólo en los años comprendidos entre 1902 y 1954, las congregaciones religiosas masculinas y femeninas fundaron alrededor de 120 colegios. Por el número de establecimientos, destacan entre las congregaciones masculinas los Hermanos Maristas, con 9 grandes colegios además de la Casa de formación de Villa Marista, que tuvo después un triste destino, junto con los 8 que fundaron los Hermanos de La Salle. Entre las congregaciones femeninas, los aportes mayores se localizan en los 9 colegios que levantaron las Salesianas, los 6 de las Madres Teresianas, 5 de las Misioneras de María Inmaculada. Las del Inmaculado Corazón de María, las Escolapias, las del Verbo Encarnado y las de Lestonnac, fundaron cada una 4 colegios para un total de 16.

Algunos de estos colegios eran gratuitos y se sostenían con el apoyo financiero de los restantes, que pueden clasificarse, según el precio de la enseñanza, en moderados, regulares y de alto costo.

Pero hay mucho más. Aparte de los 120 Colegios Católicos, en el Primer Catálogo de las Obras Sociales Católicas de Cuba, editado en 1953 por el Secretariado de la Junta Nacional de Acción Católica, quedaron registradas 255 obras para beneficio social que se desglosan de la manera siguiente:

Obras de las Órdenes Religiosas

En esa misma época surgieron numerosas escuelas fundadas por las Órdenes Religiosas. En general, se puede decir que casi todas estas escuelas eran gratuitas y algunas, muy pocas, cobraban módicas mensualidades. Las escuelas fundadas por las órdenes religiosas en esta etapa suman 82 y se desglosan de esta forma: 22 escuelas para niñas, 10 para niños, 11 Academias y escuelas nocturnas para obreras, 10 escuelas sólo de enseñanza primaria para niños, 6 escuelas tecnológicas para varones, 4 nocturnas también para varones, 4 mixtas (hembras y varones) de enseñanza primaria, y 15 escuelas parroquiales.

Entre ellas se destacan 6 escuelas fundadas por los franciscanos, incluyendo una escuela parroquial. Los jesuitas fundaron las Escuelas Electromecánicas de Belén y de Monserrat, además de otras 3 escuelas, y mantenían funcionando el famoso Colegio de Belén. Los dominicos, sin contar las instituciones especializadas, fundaron 2 escuelas gratuitas y 1 escuela parroquial. La familia salesiana creó 9 colegios, sin contar el de Artes y Oficios de Camagüey y 1 Escuela del Hogar en Sancti Spíritus.

Por su parte, los hijos de San José de Calasanz –escolapios– fundaron 1 escuela gratuita situada junto a las Escuelas Pías de Guanabacoa, y 1 Escuela Nocturna Obrera en Marianao que preparaba a los trabajadores para el ingreso en la segunda enseñanza. En cuanto a las Hermanas de San Felipe Neri (filipenses) crearon 1 Escuela Gratuita para Obreras en la Víbora, que en 19 años graduó 1,500 muchachas. Los agustinos fundaron la Escuela Parroquial del Santo Cristo, anexa a la Iglesia habanera del mismo nombre, y la Escuela de San Lorenzo, en Marianao.

Escuelas Especiales

En 1907 se fundó la Escuela de Química Azucarera, en Cienfuegos, por inspiración de los dominicos o frailes predicadores, que tuvo una enorme importancia económica y social en los momentos en que se reestructuraba y reorganizaba la principal industria del país, ya que su objetivo era precisamente el estudio, la eficiencia y mejoramiento de la producción azucarera. En esta escuela se graduaron, durante décadas, los primeros peritos químicos azucareros que tuvo Cuba, que pasaron a ser jefes de los Departamentos de Producción de los centrales mejor dotados y mayores productores. Los programas de esta escuela, creados por los frailes, fueron adoptados y aprobados para la enseñanza de esta materia en Cuba y reconocidos por el Departamento de Educación de los Estados Unidos. La Escuela contaba con su propia Estación Experimental en una finca donde se cultivaban todas las variedades de caña y se analizaba su rendimiento en azúcar, resistencia a las plagas, adaptación al clima y las posibilidades de industrialización de los subproductos de la zafra, como el bagazo y las mieles, en un excelente laboratorio equipado con las más moderna tecnología francesa.

Este centro docente fue el primero y el modelo que copiaron las demás Escuelas de Química Azucarera que se fundaron posteriormente en Cuba.

Otra Escuela Especial de gran importancia fue la Institución Espelius, que surgió en Guanabacoa gracias a la iniciativa de José Pedroso Espelius con la ayuda de los Padres salesianos. Allí se impartía enseñanza técnica-profesional a obreros de diversas especialidades.

Universidades

Fueron los Padres agustinos quienes crearon la primera Universidad Católica en el siglo XX (no se puede olvidar que los dominicos fundaron el 5 de enero de 1728 la primera Universidad Católica de Cuba, la Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo en San Cristóbal de La Habana, que fue al mismo tiempo la Primada de la Isla, que funcionó bajo su dirección hasta 1842). El centro creado por los agustinos en 1947, la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, funcionó hasta 1961, año en que fue cerrada por la dictadura castrista, aunque pudo graduar cientos de profesionales que egresaron con una preparación excelente.

Antes del triunfo de la revolución en 1959 se aceleraban los preparativos para la fundación de una Universidad por los Hermanos de La Salle. Los jesuitas, por su parte, ya habían adquirido cerca de Matanzas el terreno donde se iba a erigir una Universidad de la Compañía de Jesús: el proyecto contemplaba, en una primera etapa, la puesta en marcha de una Facultad de Humanidades con sus diversas carreras, y en la segunda, la creación de una Facultad de Ciencias Técnicas en la que se irían incorporando las diversas especialidades. La Escuela Electromecánica de Belén, que funcionaba desde 1940, también estaba lista para convertirse en un centro especializado de educación superior.

Centros de investigaciones sociales

La Academia Católica de Ciencias Sociales surgió en 1919 en el Convento Dominico de San Juan de Letrán, en el Vedado, bajo los auspicios de la Orden Seglar Dominicana, antigua Orden Tercera, y los frailes predicadores. Entre los académicos se contaban los más renombrados intelectuales laicos y eclesiásticos de la Cuba de entonces y tuvo por Rectores a figuras de altísima talla intelectual, profesores de la Universidad de La Habana y lumbreras de la filosofía y el derecho, como los Doctores Mariano Aramburo y Machado y Manuel Dorta Duque. Los dominicos fray Francisco Vázquez y fray Germán Hilaire fungieron como consiliarios, como Secretario el Dr. Domingo Villamil; Vicesecretario, el Dr. José Guerra López; Tesorero, José López Pérez; Bibliotecario, el Dr. Francisco Elguero Iturbide [2]. Entre sus miembros de filas figuraban el terciario Mons. Alberto Méndez, Secretario del Obispado de La Habana; el Dr. Francisco Caballero, M. I. Deán de la Catedral, y los Doctores Francisco Lamelas y Juan Isern [3].

 Desde su fundación, la Academia destinó sus mayores esfuerzos al estudio y solución de los problemas más acuciantes que afectaban a la sociedad cubana. Ante los avances del socialismo marxista en los años 20, que trataba de confundir a los trabajadores de la Isla inculcándoles una ideología extraña, ajena a nuestras costumbres, a nuestra evolución histórica y a la tradición de nuestro pensamiento, ubicado en la corriente humanista cristiana del Mundo Occidental, la respuesta de la Academia fue la terminación de su obra: el Código del Trabajo, verdadero monumento jurídico preparado para defender los derechos de los trabajadores, sobre la base de los profundos conocimientos de los académicos en materia de Doctrina Social Católica, derecho y economía. La repercusión del Código del Trabajo en el Mundo de entonces fue reconocido por las instancias máximas de la Liga de las Naciones y el código fue tomado como modelo por Chile y Uruguay en el ámbito latinoamericano.

Se ha dicho que el Código era el más avanzado del Mundo en esa época, según testimoniaron los peritos en derecho laboral. Todos los derechos de los obreros fueron reconocidos y protegidos en esa obra ejemplar... la Oficina Internacional del Trabajo dio sobre él este dictamen:

...el Proyecto cubano de un Código del Trabajo de hondo contenido social supera en materia de legislación laboral a sus homólogos de otros países... lo que significa un adelanto de muchos años respecto a las demás naciones... [4]

Otras legislaciones posteriores de la Academia, en defensa de la mujer trabajadora y de los niños, proporcionaron junto con el Código del Trabajo muchos de los artículos de la Constitución de 1940, que fue reconocida como una de las más valiosas y progresistas del Mundo, y sirvieron de base al Dr. Ernesto Dihigo y López-Trigo, años después, para la redacción de buena parte de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, que fue en buena medida fruto del trabajo de los intelectuales cubanos e indirectamente, de los miembros de la Academia Católica de Ciencias Sociales [5].

En resumen, la Academia Católica de Ciencias Sociales trabajó mucho y muy bien. En ella se establecieron las bases para una futura Reforma Agraria en la Isla y se confeccionaron los estatutos de la Unión Nacional de Trabajadores, una de las primeras agrupaciones obreras de Cuba. También se formularon proyectos para la construcción de viviendas económicas para obreros, de bajo costo y con ayuda financiera: sobre la base de este proyecto surgió en Marianao un barrio bautizado con el profético nombre de Redención, actualmente Pogolotti, donde se construyeron 10,000 viviendas con el proyecto de la Academia.

Otro centro de estudios de muy alto vuelo que funcionó en La Habana fue el Instituto Católico de Altos Estudios, que fundó el Dr. José María Chacón y Calvo, también miembro de la Academia Católica de Ciencias Sociales.

Notas:

[1] Exceptuando algunas citas específicas, la fuente principal de este trabajo es el „Primer Catálogo de las Obras Sociales Católicas de Cuba‰, editado en 1953 por el Secretariado Económico Social de la Junta Nacional de Acción Católica. Muchas informaciones, no obstante, han sido objeto de precisiones y rectificaciones después de cotejarlas con Memorias y publicaciones de órdenes y congregaciones religiosas.

[2] Salvador Larrúa Guedes. La Academia Católica de Ciencias Sociales y el Primer Código del Trabajo de Cuba. Curia Provincial del Convento Santo Tomás de Aquino, Sevilla. Gráficas Anarol, Málaga 2002, p. 36

[3] Ibídem, p. 37

[4] Dictamen de la Oficina Internacional del Trabajo sobre el Proyecto de Cuba, 1929

[5] Ibídem (2), pp. 98 ss.