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HABLANDO DE RICARDO BOFILL
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Sabemos que fuiste uno
de los primeros colaboradores de Ricardo Bofill y que los une una gran
amistad personal, pero tratando de hacer abstracción de todo eso, como
analista político, ¿cuál es tu opinión de Bofill y de su papel?
Ricardo Bofill es, sin duda, una de las figuras más importantes dentro del vasto movimiento de oposición a la dictadura de Fidel Castro, que lleva casi medio siglo. Fue el creador de una nueva modalidad de lucha contra la dictadura: la lucha por la defensa de los derechos humanos. Cuba era signataria de la Carta de 1948 y el gobierno revolucionario nunca había renegado de la misma. Sin embargo, los derechos humanos eran incompatibles con una dictadura totalitaria. Bofill lo comprendió y aunque otros en el presidio histórico habían esgrimido los derechos humanos contra los desafueros de la dictadura, Bofill fue el primero en organizar todo un movimiento político alrededor de esa causa. Ahora bien, al decir esto, quiero subrayar, como siempre insiste Bofill, en que no se puede hablar de los luchadores por los derechos humanos sin subrayar que son seguidores de la heroica tradición del presidio histórico cubano. Nada puede ni debe opacar el extraordinario mérito de aquellos hombres y mujeres que se enfrentaron desde el primer momento a la revolución de Fidel Castro, y que pagaron el más alto precio en la defensa de los valores básicos de la sociedad cubana. A diferencia de ellos, ustedes fueron simpatizantes de la revolución. En efecto. Bofill, y los que estuvimos junto con él en las primeras etapas de su lucha, habíamos sido revolucionarios. No era nada extraño. Gran parte de la intelectualidad había abrazado la revolución con desenfadado entusiasmo. Era natural regocijarse con el derrocamiento de la dictadura de Batista. Lo que no lo era pretender que en Cuba hacía falta una revolución social. Eso era un disparate. Cuba era uno de los países más desarrollados y prósperos de América Latina. ¿Por qué pudo Castro convencer al pueblo cubano de que esa revolución social era necesaria? ¿Por qué lo creímos nosotros? Ese es un tema sobre el que deben concentrarse nuestros intelectuales. Algunos amigos critican a los exiliados recién llegados porque se han demorado mucho. Es bueno recordar que, 47 años después, todavía no ha desertado ningún miembro del Comité Central del PCC. Dada la realidad cubana, es evidente que, además de la represión y el soborno, hay profundos factores ideológicos en juego. Pero ustedes hicieron un viraje completo, radical. En efecto. Tan es así que en 1985 Bofill le mandó una carta a Ronald Reagan felicitándolo por la creación de Radio Martí. ¿Cuáles son las impresiones que más recuerdas de Bofill en aquella época de los años 80? Bueno, yo diría que la temeridad. No digo audacia, digo temeridad. En aquel país de susurros y gestos silenciosos, Bofill hablaba a gritos del gobierno, y ¡como hablaba! Constantemente se refería a “¡esta gavilla de rufianes y de asesinos!” y a “Fidel Castro que es un gangster de mala muerte”. Viajar con él en una guagua habanera era toda una experiencia. Había que ver los rostros horrorizados de los pasajeros oyendo a aquel hombre diciendo esas cosas a viva voz, en la conversación con su acompañante. A un nivel más serio, tendría que decir que una característica de Ricardo era que siempre, siempre, estaba elaborando iniciativas. Después de una insólita y exitosa exposición que hicimos en el medio del Vedado, por ejemplo, Bofill inmediatamente planteó hacer otra. Esa fue asaltada por unas turbas del Ministerio del Interior. Pero, quizás porque a la primera habían asistido muchos miembros del cuerpo diplomático y representantes de organizaciones internacionales de derechos humanos, decidieron no llevarnos presos. ¿El gobierno no hizo nada? Por supuesto que sí. Lanzaron una violenta campaña pública contra Bofill. Empezó con un editorial de Granma que se llamaba “Un quinto de columna” y en el que también nos mencionaba a Edmigio López Castillo y a mí. Luego hubo varios números de Granma dedicados a tratar de destruir públicamente a Bofill. Y luego un documental en TV, en horario estelar, llamado “La historia de un fullero” o algo por el estilo. En la historia de la revolución cubana, esto fue algo sin precedentes contra un individuo que estaba en la calle. ¿Qué resultados tuvo esa campaña? Que gente del interior del país empezó a viajar a La Habana para entrevistarse con Bofill y expresarle su solidaridad. Fue muy impresionante. Si creyeron que iban a desatar algún tipo de cólera popular contra Ricardo, el tiro les salió por la culata. Pasado cierto tiempo, ante la falta de reacciones negativas tuvieron que recurrir a que un carro de la Seguridad siguiera a Bofill y a Yolanda cada vez que salían de la casa tratando de movilizar a la gente en su contra. Tampoco les funcionó, y después de eso, Bofill se concentró en la preparación del recibimiento a la Comisión de Derechos Humanos que vino a Cuba en 1988. Se dedicó a preparar y organizar los cientos de personas que iban a testimoniar personalmente sobre las violaciones de derechos humanos que habían sufrido. De ahí salió, al año siguiente, la primera condena a la dictadura cubana como violadora de los derechos humanos. Fidel Castro pasó de acusador a acusado en el escenario internacional. Y así ha seguido siendo desde entonces. Fue durante esa etapa cuando el CCPDH se nutrió con figuras políticas, intelectuales y simpatizantes de otras corrientes opositoras del país, como Gustavo y Sebastián Arcos Bergnes, Jesús Yánez Pelletier, Oscar Peña, Tania Díaz Castro, Samuel Martínez Lara, Reinaldo Bragado, Hiram Abí Cobas y Pablo Llabre, entre otros, al mismo tiempo que comenzaron a constituirse comités de apoyo en el exterior. ¿Cuál usted cree que sea el mayor orgullo de Bofill? Bueno, habría que preguntárselo a él, pero mi impresión personal es que su mayor orgullo es la entereza y el heroísmo de la actual disidencia cubana. Nadie disfruta más el éxito de los hijos que los padres, y mientras más los superen más orgullo y más satisfacción sienten. Y Bofill, le guste o no, es el padre de esa disidencia cubana de hoy que es admiración del mundo entero. |
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