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CAUTIVOS EN EL DIA MUNDIAL DE LA LIBERTAD DE PRENSA |
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Por Miriam Leiva “Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía”. José Martí El 3 de Mayo se conmemora el Día de la Libertad de Prensa en el mundo. Para nosotros, los periodistas independientes cubanos, constituye ocasión para exigir la libertad inmediata e incondicional de nuestros 23 colegas secuestrados y lacerados en las horrendas cárceles, pero libres en conciencia porque: ... "la primera libertad, base de todas, es la de la mente", como señalara Martí. En marzo de 2003, la prensa independiente de Cuba había alcanzado fuerza en todo el archipiélago a través de entusiastas colegas, muchos agrupados en Agencias. Indudablemente, el gobierno estaba preocupado por la profusión de noticias y artículos fuera de su censura. Ellos, economistas y bibliotecarios, así como activistas de derechos humanos, fundamentalmente vinculados al Proyecto Varela, habían perdido el miedo, al igual que estaba sucediendo entre la población en general. Ricardo González Alfonso laboraba afanosamente, con otros colegas, en la Sociedad Manuel Márquez Sterling. Se procuraba realizar cursos de superación en Técnica Periodística, Redacción e Inglés. Pero, inmediatamente llegaron los oficiales de la Seguridad del Estado (Policía Política), que lo impidieron. Sin embargo, no pudieron ahogar la Revista “De Cuba”, que salió en diciembre de 2002 y en febrero de 2003, gracias a mucha dedicación y a vencer infinidad de dificultades por parte del pequeño equipo editorial y los esforzados escritores; desde carencia de medios, hasta la necesaria discreción y el acoso. El rigor, la diversidad y respeto a los distintos puntos de vista fueron sus características. El primer número tuvo una amplia circulación en todo nuestro país, pero el segundo fue robado prácticamente en su totalidad por las huestes policíacas que lo vejaron a él y revolvieron su casa el 20 de marzo. Sólo se salvaron algunos ejemplares que se encontraban en poder de otras personas. Desde entonces, al corresponsal de Reporteros sin Fronteras en Cuba le mancillan su entusiasmo y laboriosidad en celdas dignas de la pluma de Dante y Kafka. Como si eso no bastara, en enero de 2005 le realizaron una cirugía de vesícula, que no sanaba por la infección interna, y no fue hasta el mes de diciembre que le realizaron otra, que tampoco resultó, y luego otra. Antes de pasar un mes lo sacaron del hospital de reclusos y lo devolvieron a una inhóspita celda. Durante los últimos tres años, Ricardo González ha escrito poemas, seguramente con mucho más tiempo con el que contaba cuando, como decía entonces, era un periodista libre. Pero nuestros colegas siguen allí, fuertes y firmes en sus convicciones de que ahora como entonces nadie puede cambiar sus mentes; que sus ideas son sus más preciadas posesiones aunque les hayan coartado el derecho a la libre expresión y por ello están secuestrados en infiernos inmerecidos y son rehenes de un régimen horrorizado ante la palabra y las verdades. Por más que han tratado de borrarles la capacidad de discernimiento, por más atroz que sea la tortura psicológica personalizada en ellos y sus familias; por mayores que resulten las presiones, intimidaciones, las tentativas de desanimarlos y dividirlos, los fisgoneos de delatores y las provocaciones de presos comunes de alta peligrosidad, saben que son forjadores de momentos cruciales de la historia de Cuba, y que la razón está de su parte. La Constitución vigente, en su artículo 53, fija: "Se reconoce a los ciudadanos libertad de palabra y prensa conforme a los fines de la sociedad socialista. Las condiciones materiales para su ejercicio están dadas por el hecho de que la prensa, la radio, la televisión, el cine y otros medios de difusión masiva son de propiedad estatal o social y no pueden ser objeto, en ningún caso, de propiedad privada, lo que asegura su uso al servicio exclusivo del pueblo trabajador y la sociedad". Y en su artículo 54: "Los derechos de reunión, manifestación y asociación son ejercidos por los trabajadores manuales e intelectuales, los campesinos, las mujeres, los estudiantes y demás sectores del pueblo trabajador, para lo que disponen de los medios necesarios. Las organizaciones de masas y sociales disponen de todas las facilidades para el desenvolvimiento de dichas actividades, en las que sus miembros gozan de la más amplia libertad de palabra y opinión, basadas en el derecho irrestricto a la iniciativa y a la crítica". Por tanto, la libertad de expresión y prensa en Cuba constituye una burla al sentido común del pueblo; la Constitución denota la farsa a la que está sometido, y que no se permite el menor margen para ejercerla, ya que todo está controlado, bajo la pretensión de que los ciudadanos cuentan con todos los derechos. La taimada precisión "conforme a los fines de la sociedad socialista", o sea, la única reconocida, atenaza y sirve para reprimir en este estado totalitario basado en el miedo. En contraposición, la Constitución de 1940 expresa en su artículo 33: "Toda persona podrá, sin sujeción a censura previa, emitir libremente su pensamiento de palabra, por escrito o por cualquier otro medio gráfico u oral de expresión, utilizando para ello cualesquiera o todos los procedimientos de difusión disponibles". En el artículo 37 señala: "Los habitantes de la República tienen el derecho de reunirse pacíficamente y sin armas, y el de desfilar y asociarse para todos los fines lícitos de la vida, conforme a las normas legales correspondientes, sin más limitación que la indispensable para asegurar el orden público. Es lícita la formación y existencia de organizaciones políticas contrarias al régimen de gobierno representativo democrático de la República, o que atenten contra la plenitud de la soberanía nacional". Y en el artículo 38: "Se declara punible todo acto por el cual se prohíba o limite al ciudadano participar en la vida activa de la nación". Ciertamente, hubo momentos en que se aplicó la censura y otros medios coercitivos, pero debe recordarse que incluso durante la dictadura de Fulgencio Batista, en 1953, se publicaron fotos y reportajes sobre el asalto al Cuartel Moncada, y durante la prisión los participantes pudieron tener acceso a periodistas, por ejemplo, de la revista Bohemia, y dar una conferencia de prensa a la salida de prisión, en mayo de 1955, cuando recibieron la amnistía aprobada por el Congreso de la República, y que el dictador debió acatar. En marzo de 2003, entre los 75 apresados, 25 eran periodistas independientes que recibieron penas de hasta 28 años de prisión. De ellos, 18 eran miembros de la Sociedad de Periodistas Manuel Márquez Sterling. Sólo se les ocuparon lápices, plumas, máquinas de escribir viejas, alguna computadora, equipos de fax, radios y papeles… muchos papeles que no estaban escondidos y que llevaban sus nombres, no para subvertir o derrocar al régimen, sino analizando y denunciando la situación existente en el país de forma pacífica y constructiva. Antes, la mayoría había perdido sus empleos por expresarse, pues el único empleador es el estado y cualquier otra iniciativa resulta ilegal, aunque se pida permiso para ejercerla. El gobierno de Cuba, que proclama ser el que más respeta los derechos humanos en el mundo, debería considerar lo que hace contra estos periodistas independientes encarcelados, muchos de ellos enfermos y sin atención médica, ni medicación adecuada, considerados prisioneros de conciencia por Amnistía Internacional, así como los que recibieron licencia extrapenal por motivos de salud pero que pueden ser regresados en cualquier momento, los arrojados en prisión sin juicio y los que continúan escribiendo a pesar de las persecuciones, ahora que pretende ingresar en el nuevo Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas que se elegirá el 9 de mayo próximo. Debe tener presente que de ser admitido con el apoyo de sus afines estará sujeto a escrutinio universal permanente. Tanto va el cántaro a la fuente hasta que se rompe. De tal suerte, el sentido común ante las aspiraciones propias y las nuevas condiciones en la arena internacional deberían primar, al menos para que las autoridades procedan a la pronta excarcelación sin condicionamientos de los periodistas independientes presos actualmente, de los demás prisioneros de conciencia y políticos pacíficos, y la admisión progresiva de la libertad de expresión y prensa. |