UN
ANIVERSARIO MAS
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El 31 de Diciembre los cubanos de acá nos reuníamos para celebrar el final del año viejo y la llegada de uno nuevo, la mayoría de las personas esperan que sea mejor que el anterior y la casi totalidad de los cubanos de aquí esperamos que sea el último del tirano. Así también lo esperan, en silencio, muchos en Cuba aunque aparentemente festejan el obligado “advenimiento de un nuevo aniversario del triunfo de la involución”. Y por casi medio siglo seguimos esperando lo mismo. En la Isla, El Comandante en Jefe del horror y la mentira, continúa, como año tras año, haciendo un inventario de los logros de el casi medio siglo de desgobierno en Cuba, logros que son un modelo de la retórica y de eufemismo. Por el arte de magia que todos los fracasos y desgracias del país se convierten en logros y victorias, ya el pueblo está acostumbrado a oír como los “reveses se convierten en victorias”; se hace “más con menos”; “se optimiza la improductividad” o los responsables de la corrupción degradante del país se convierten en los perseguidores de la corrupción. Este año uno de los logros de la “involución” fue haber sobrevivido al “bloqueo imperialista” aun después de la caída del “Campo Socialista”. En realidad esto es motivo de lamento, pues hubiera sido mucho mejor para los cubanos habernos caído también junto con los padrinos. Pero mirando seriamente este asunto vale la pena hacer un balance, a vuelo de pájaro, de lo que ha significado el no habernos caído, pues ese sobrevivir ha costado muy caro a la sociedad cubana de estos días. Como soy cubana que viví en carne propia el hambre y la miseria que trajo al país perder el apoyo y la subvención de la URSS, quiero exponer mi apreciación de la situación. Hay dos ideas que oí en aquellos años que taladraron hasta el fondo mi mente; una de un alto funcionario del gobierno, que quizás por expresar estas ideas tan cercanas a las Perestroika le costó desaparecer de la política oficial en Cuba, este fue Carlos Aldana, en uno de los videos que periódica y obligatoriamente debíamos ver los profesores, cuando analizaba los cambios que se sucedían en el proceso de la Perestroika, se refirió a los errores que se habían cometido también en nuestro país y recuerdo que dijo que: los errores económicos podían superarse en períodos de 5, 10 o 15 años, sin embargo las consecuencias sociales costarían 20, 50 o 100 superar, pues habría que reponer las generaciones deformadas por tantos males. La otra idea se la oí a una personalidad del campo opuesto, a un sacerdote cubano, que para mí, es una de las mentes más lúcidas que tiene Cuba en estos momentos. Como todos conocemos la relación de la Iglesia Católica con el Estado Cubano, prefiero no mencionar el nombre de esa persona, pues como fiel pastor permanece en la Isla. En una conferencia que impartió a un grupo de laicos, hizo un análisis de la situación del país a la luz del Evangelio y nos dijo: la pobreza ennoblece al ser humano, pero la miseria lo envilece. Y todos sabemos lo que es capaz de hacer un hombre envilecido, cuanto no hará una sociedad en este estado. Los que vivimos en la Isla aquellos años vimos como día a día la situación iba empeorando, cada vez comíamos menos y peor, a la falta de comida se le unió la del jabón de baño y de lavar, la desaparición de la pasta dental, la frazada de limpiar el piso, las almohadillas sanitarias, el papel de baño, el combustible para cocinar y para el transporte. Los días se volvían pesadilla y una lucha por sobrevivir a la penuria, apenas podías pensar en qué estaba pasando, pues la poca energía que le iba quedando a cada uno bastaba sólo para arrebatarle a la muerte algo que llevar a la boca, que en medio de aquella agonía llamábamos “comida”. Por demás, las ropas se nos fueron convirtiendo en harapos que no había cómo reponer. Yo entonces profesora de Enseñanza Superior, amanecía cada día con un plato de harina de maíz, sin grasa ni leche y una taza de café claro en el estómago, cogía mi bicicleta rusa para pedalear 5 km para ir a impartir clases de Historia de Cuba a mis pobres alumnos, a los que yo trataba de enseñar los conocimientos profundos de nuestra historia patria, los mismos que me ayudaron a descubrir la verdad; sin darme cuenta que sus mentes, al igual que la mía se iban nublando por la mala alimentación y que nuestras fuerzas se debilitaban y ya no daban para largas jornadas de estudio. Cómo vivimos, sólo Dios lo sabe. Este existir miserable fue paulatinamente sacando de lo más profundo del corazón de las personas las peores ideas e intenciones, o quizás lo más negro del ser humano comenzó a imponerse en aquella lucha por sacar partido de todo para tratar de suplir una necesidad; desde lograr que el bodeguero te vendiera un pedacito más de pan, hasta poner una zancadilla al compañero de trabajo para que te dieran una reservación a alguno de los restaurantes de los pocos que se mantuvieron abiertos. Esto entre los más bajitos, pues los de “arriba” se disputaban los puestos privilegiados que les permitían los viajes al extranjero. Comenzaron a poblarse las playas de muchachas profesionales a la caza de extranjeros, jóvenes y no tan jóvenes, pues un viajecito a un famoso balneario oriental podía reportarle más ganancias que una guardia en un hospital o que un proyecto de ingeniería. La prostitución se convirtió en pan de cada día y lo que hasta 1959 había sido motivo de vergüenza hasta para la más humilde familia cubana, comenzó a verse como una bendición y toda la familia empezó a vivir del negocio de la nueva prostituta. Conozco el caso de una madre que fue a proponerle a unos turistas italianos sentados en el parque central de mi pueblo entregarles su hija de 17 años, sordo muda. Para el que me lo contó, aquello fue un horror. El robo se hizo un hábito, pues todo el mundo comenzó a tratar de “conseguir” la otra parte del salario que no le pagaban y que necesitaban para poder comprar en el mercado negro lo que se perdía de las tiendas del gobierno. Todo se comenzó a robar desde una hoja de papel en una oficina, la harina de las panaderías, los bombillos de luz, la gasolina a los carros del Estado, hasta lo más mínimo que se le quedara de noche en el patio de la casa. Aquel refrán con el que crecí: “pobre pero honrado” desapareció del refranero cubano. Además resolver robando comenzó a verse como algo normal y necesario. La vagancia, la que había denunciado José Antonio Saco en los lejanos años del siglo XIX, nuevamente florece y los parques y corredores de las principales calles de la ciudad se han llenado de hombres en edad productiva que trataban de vivir del “invento”, pues esto reporta más que la jornada de 8 horas en un centro de trabajo estatal. En este ambiente crece como la verdolaga, el juego, la droga, el proxenetismo y el alcoholismo. El sexo desenfrenado con su consecuencia lógica de hijos sin padres, madres solteras, matrimonios rotos, enfermedades como el Sida. Esto genera ganancias que permite que estos individuos se conviertan en dueños y señores, pues logran alcanzar un status de vida que ni el más sacrificado profesional logra con su trabajo, así sea un médico especialista capaz de hacer un trasplante de órgano. Las drogas, como la marihuana, un buen día no pudieron ocultarse más y se reconoció que hasta en las escuelas se consume, al igual que el alcohol, que lo beben en los parques, a la luz pública, un ejército de hombres y mujeres que débiles de espíritu, adormecen su frustración en un estado de embriaguez perenne. Y esta es la sociedad victoriosa que exhibe ufano Fidel Castro al conmemorar un aniversario más de su nefasto triunfo. ¿Conocerán esto los que desde la comodidad de la Florida defienden tanto horror?, ¿habrán ido a sus trabajos pedaleando kilómetros y kilómetros?, ¿alguna vez habrán sufrido de hipoglicemias a causa del hambre?, ¿habrán vivido la triste realidad que después de largos años de estudio para hacerse un profesional su salario fuera un salario de hambre? Para los que sufrimos el fracaso de nuestro esfuerzo y porque no decirlo de nuestra vida, defender ese régimen no tiene explicación. La economía cubana, con una inyección del capital que sus hijos han hecho por otras partes del mundo, con la inversión del capital extranjero y la ingeniosidad del cubano podrá, en un período relativamente corto, levantarse. Pero componer la sociedad, volver a inculcar valores a sus ciudadanos, sembrar nobleza en tantos corazones endurecidos por el odio, será una obra larga que requerirá de paciencia, amor y respeto, para hacer nuevamente una sociedad digna y con decoro que sea respetada por todos. El Homagno del que tanto escribió Martí puede ser el mejor ejemplo.
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