|
|
PLAZA Y ESTATUA DE CASCORRO |
|
|
En una Guía de Madrid, con 160 páginas y fotos a colores, me llamó la atención que uno de los recorridos recomendados para los domingos en la mañana comenzara en la Plaza de Cascorro, en la parte baja del Madrid Antiguo y pasando por la Plaza de Lavapiés terminara en la Glorieta de Embajadores, donde se encuentra la verja exterior de lo que fuera el Casino de la Reina, regalo del Ayuntamiento de Madrid a la segunda esposa del despiadado Fernando VII, Isabel de Braganza. Conociendo el pequeño pueblo del centro de la antigua provincia de Camagüey, junto a la Carretera Central, me llamó la atención el nombre de la Plaza y que esta mereciera una estatua en tan importante Zona Madrileña, porque cuando dicen en la parte “baja” se refieren topográficamente, porque está junto a la Catedral de San Isidro, patrono de Madrid y a menos de quinientos metros de la Plaza Mayor. En el Diario de Campaña del General Máximo Gómez, él relaciona el sitio de Cascorro, que algunos historiadores nombran como la Batalla de Cascorro, de la siguiente manera: (para ser fieles al texto del autor, mantengo tanto el estilo como la ortografía original): 16 de Septiembre de 1896 “El día 16, me muevo hacia Guáimaro, para preparar el cañón que nos ha traído Cabrera y que se tiene guardado. Tengo aviso del arribo de otra expedición desembarcada por el Masío, Sur de Cuba. Debo esperar a Calixto García, que en plazo no lejano ha de venir con más de (1,000) mil hombres, para emprender operaciones en esta Comarca–y por eso preparo fuerzas y cañones. Día 18, acampado en San Blás, hago traer el cañón que pienso probar, valiéndome de artilleros improvisados Americanos. Día 19 Septiembre. Prueba del cañón que dá resultados. No queriendo disparar más que un tiro por economizar parque y por no poner al enemigo sobre avisos. El mismo día a La Yaya y el 20 a la Araucana. Día 21, le pongo sitio a Cascorro, pero sitio estrecho: se ataca por todos lados. Se le hacen más de 200 disparos de cañón. Las cápsulas no revientan y sólo hacen el efecto de balas de arrasar. Hacen daño a los edificios, por encima, pero insuficientes para destruir los atrincheramientos que son bastante sólidos. El enemigo, a pesar de su estrecha situación, como tiene abastecimientos dentro y ha comprendido lo inútil de nuestra artillería, resiste ante nuestra tenacidad. Dos veces, sin amenazas tontas, y sí ofreciéndole toda clase de garantías, le he intimado a la rendición, y ambas veces han contestado negativamente. Estoy sufriendo la natural contrariedad en presencia de la imposibilidad de hacer rendir a este Pueblo por la fuerza, y la de tomarlo por asalto sin ninguna garantía de éxito; más bien con la seguridad de perder mucha gente. Sin embargo, continúo estrechando el sitio, puesto que hasta ahora hemos sufrido muy pocas bajas. Esta situación ha durado 15 días, al cabo de los cuales ha salido una fuerte columna—(3,000) hombre—de las Minas, línea férrea. Esta columna salió de Minas, bajo nuestros fuegos y del mismo modo entró a Cascorro–-no logrando levantar el sitio, sino únicamente obligándonos a alejar un poco nuestras líneas de circunvalación. Refuerza el destacamento de Cascorro y repone, concentrando, sus obras de fortificaciones, el día 7 emprende otra vez la marcha, siempre hostilizada por nuestros fuegos, que la obligan a extraviar caminos, aprovechando todos aquellos más enmarañas donde no puede maniobrar nuestra caballería. Día 8, al amanecer y ya en las cercanías de San Miguel de Nuevitas, en campo más abierto pude lograr salirle al paso— con (300) jinetes, trabándose rudo combate que duró dos horas. Enemigo, a marcha forzada entró en San Miguel, a las 10 de la mañana del día 8. Destrozado y maltrecho. Aquí he terminado esta ruta de campaña de 17 días. Por fortuna mía y como para mitigar tantos sinsabores, me ha llegado la noticia del desembarco de mi hijo Pancho, por Pinar del Río, en la expedición conducida por el General Rius Rivera..... El 24, me pongo a la vista y ocupo la zona. El enemigo no se mueve. Permanezco acampado. Tengo avisos de que el General Jiménez Castellanos concentra sus fuerzas en Minas, para salir en auxilio de Guáimaro y Cascorro sitiados. El 28, recibo aviso de la toma de Guáimaro. Doy órdenes de que se entre en las líneas del sitio de Cascorro. Noviembre 1. Continúa la situación y yo acampo en la Gloria, para estar más expedito sobre la línea y rumbos que pueda traer el General Jiménez Castellanos. El 5, se me une el General García y me dá cuenta de la toma de Guáimaro. 200 prisioneros, 200 armamentos, mucho parque, 10,000 pesos oro, muchas medicinas y efetos, de distintas clases. Entre los prisioneros, 20 heridos que se pusieron en la finca el Plátano, a 6 legus de Puerto Príncipe, allí envió el General Castellanos a recogerlos con sus sanitarios. El día 6, se mueve el enemigo desde Minas; 4,000 hombres para Cascorro y se libran los grandes combates de Lugones, La Conchita y todo el trayecto que ha recorrido el enemigo en su operación de levantar el campamento de dicho poblado. El 7 de noviembre entró casi derrotado en San Miguel el General Jiménez Castellanos, abandonándolo también para refugiarse en Nuevitas” Esta descripción corresponde a la realidad de lo que fué la Guerra de Independencia en Cuba, sin plazas fuertes, armas o parque suficientes y con movilidad de guerrillas. Ahora leo la descripción que hacen en Madrid: “La Plaza recibe el nombre de la Batalla de Cascorro, librada en Cuba en 1896, y está presidida por la Estatua de Eloy Gonzalo, héroe en esta batalla y vecino de Lavapiés. La estatua fue realizada en 1901 por Aniceto Marinas y López Salaberry y escenifica al soldado justo antes de prender fuego con petróleo al fortfn donde se refugiaban un grupo de insurgentes. La cuerda atada en la cintura era para que sus compañeros pudieran tirar de él en caso de que resultara muerto”. La estatua muestra a un soldado de pie con pantalones y botas militares nunca usadas por los soldados españoles en la Guerra de Cuba, cargando al hombro un pesado rifle Maucer con balloneta calada, en la mano derecha una antorcha y en la izquierda un gran depósito de petroleo. La base de la estatua muestra una placa que lee “El Ayuntamiento de Madrid a Eloy Gonzalo, 1901". Al retirarme de la Plaza me quedó una duda, si el Soldado Eloy era curro que residía en Lavapiés o si el que contó la historia se adelantó a Rambo. |
||