MONSEÑOR BOZA MASVIDAL 

EN MI VIDA 

Por Roberto Cortés Saínz

Era la mañana del día 27 de Febrero del año de 1944, en la Santa Metropolitana Iglesia Catedral de La Habana. Ocurría allí una ceremonia religiosa no habitual. Era una Ordenación Sacerdotal. El Ministro Consagrante era: Mons. Manuel Arteaga y Betancourt, Arzobispo de la Habana, que sería después el primer cardenal cubano y de América Central y del Caribe; el consagrado era: el Pbro. Dr. Eduardo Tomás Boza Masvidal.

En los dos días siguientes celebraba misas en la Capilla de las Esclavas del Sagrado Corazón, en la barriada de Luyanó, y en la Capilla de las Religiosas de María Reparadora del Santísimo Sacramento en Reina y Gervasio, dos conventos de clausura, donde tenía a dos hermanas.

Su primer trabajo pastoral fue de Vicario de la Parroquia el Salvador del Mundo en el Cerro, donde era Párroco, Mons. Alfredo Muller San Martín, en aquel entonces Vicario General de la Diócesis, y que luego llegaría a ser sucesivamente, Obispo Auxiliar de la Habana y Obispo de Cienfuegos.

En Junio de 1947, tuvo su primera parroquia: la Parroquia de San Luis, en Madruga. Allí estuvo poco tiempo, ya que a los cuatro meses, fue enviado como Vicario a la Parroquia de Nuestra Señora de la Caridad en la capital, por enfermedad de su párroco el P. Eduardo Ferrer y Daniel.

Yo nací en el año 1947. Mi madre siempre fue muy devota de la Virgen de la Caridad del Cobre, nuestra Patrona, por lo que decidió bautizarme en la Parroquia de Ntra. Sra. de la Caridad en La Habana, de donde ya era Párroco el joven sacerdote Pbro. Eduardo Tomás Boza Masvidal. 

En el año de 1956 nos mudamos al centro de la capital y mi madre de nuevo condujo sus pasos a la Iglesia de la Caridad, para inscribirme en el Catecismo, con el propósito de que hiciera la Primera Comunión. Y sucedió que cuando llegamos nos informaron que ya no había tiempo, debido a que ya en el mes siguiente, o sea mayo, se efectuaría la Primera Comunión del curso que ya concluía en esos días.

Había allí un seminarista que habló con mi madre y le dijo que no se fuera. Él le dijo que si yo asimilaba rápido el Catecismo (en aquel entonces era el Catecismo de Pío X) el se comprometía a darme clases intensivas diarias y me incluiría en el referido grupo, claro está, esto debía autorizarlo el Párroco, el ya mencionado P. Boza Masvidal. Pues el lo aprobó y el 27 de Mayo de 1956 hice la Primera Comunión en la Parroquia de Ntra. Sra. de la Caridad de manos de su Párroco.

En septiembre del mismo año, al comenzar el curso escolar, matriculé el 4to.Grado en la Escuela Parroquial, y acudiendo a un llamado de su Director Espiritual, el P.Boza, me alisté en un grupo de muchachos que conformaron lo que él mismo llamó el “Pequeño Clero”, del cual llegué a ser uno de sus responsables; llegando a ser aproximadamente como unos veinte acólitos al servicio del culto en la parroquia.

El 27 de Mayo de 1956 hice la Primera Comunión en la Parroquia de Ntra. Sra. de la Caridad de manos de Mons. Boza

Durante un tiempo fui el acólito fijo para ayudar en la misa de las 6:30 a.m., la cual celebraba él o su Vicario el P. Agnelio Blanco Blanco.

(En esa Iglesia fui bautizado y mi esposa y yo hicimos la primera comunión, fuimos confirmados y nos casamos, además bautizamos a nuestros tres hijos y recibieron también su primera comunión y su confirmación).

A partir de ese momento, no salí nunca más de esa Iglesia hasta el año de 1996, que emigré junto a mi familia a Venezuela.

II

El P. Boza poco a poco se fue ganando el afecto de sus feligreses y a recibir colaboración de parte de los laicos, que como él decía lo empujaban a la acción y al apostolado.

Al estar instaurada en su parroquia las ramas de Mujeres y Muchachas de la Acción Católica, se da a la tarea de fundar las ramas de Hombres y Muchachos, así como el grupo de Aspirantes, (del cual formé parte) y Pequeñas; impulsa la Archicofradía del Santísimo Sacramento; pone un turno de la Adoración Nocturna, da espacio a las Conferencias de San Vicente de Paúl; fundó un grupo de Boys Scouts, ya que el fue Capellán Nacional de esta organización; la Juventud Obrera Católica (J.O.C.), el Pequeño Clero, la Congregación Mariana adscrita a la Prima de Roma, entre otras asociaciones.

Al unísono crea la Escuela Parroquial de Ntra. Sra. de la Caridad,  primaria hasta el 6to. Grado para varones y hembras, la cual comenzó en la casa parroquial y después, ya en los tiempos en que yo estudié en ella, teníamos una vieja casona muy grande en la calle Salud. (De no ser por la llegada del Gobierno Revolucionario, ya estaba el proyecto y el terreno para levantar una escuela de grandes magnitudes y que abarcaría la secundaria enfrente de la sacristía de la iglesia por la calle de Campanario).

Creó un Dispensario Médico Parroquial, con consultas médicas, análisis y medicamentos de forma gratuita.

La catequesis de niños que estimuló llegó a tener centenares de niños. Recuerdo que la misa dominical de ella era a las 10:30 a.m. y se llenaba tanto que los padres y demás adultos tenían que estar en la misa de pie, a pesar de que esta iglesia es bastante grande.

También creó una catequesis de adultos los lunes por la noche que impartía la Dra. Clara Lucas Azcona, gran colaboradora, con una gran cantidad de personas realmente impresionante, y sobre todo personas muy, pero que muy pobres.

La parroquia está enclavada al lado del llamado barrio chino, y el P.Boza, preocupado por llegar a estas personas hizo traer a dos sacerdotes franciscanos chinos para su atención pastoral. Esta atención llegó con el tiempo a convertirse en un gran centro pastoral que incluía una escuela católica parroquial china a la cual asistían niños chinos de otras localidades.

Además se daban clases de chino a personas interesadas en esta lengua.

También había una misión permanente al Asilo de Ancianos chinos en Jacomino, en las afueras de La Habana.

Después se incorporaron otros dos sacerdotes chinos, pero para la parroquia: el Padre Wong, como Vicario, que venía de América Central y el P.Li, que venía de New Jersey.

La Patrona titular de la parroquia es la Virgen de Nuestra Señora de la Caridad del  Cobre y debido a que era el único templo que había en la capital  dedicado a la Patrona de Cuba, el  se empeñó en la restauración y mejoramiento del mismo, devolviéndole su carácter colonial. Fue una obra grandiosa, la cual culminó con su consagración en el año de 1954.

Como pastor, afrontó la realidad social de su parroquia, barrios pobres del centro de la Capital, con una población muy numerosa.

Para dar respuesta a esta realidad, realizó entre muchas otras cosas: Catequesis en las casas de vecindad, donde los catequistas iban a dar las clases en carácter permanente de misión; misiones parroquiales con visitas a las casas, entronización del Sagrado Corazón de Jesús en las casas durante el mes de Junio.

Organiza procesiones por las calles de la parroquia del Santísimo Sacramento en la fiesta del Corpus Christi; de la Virgen de la Caridad en su fiesta; del Santo Entierro en Semana Santa.

Promueve las Misas de Aguinaldo en la novena anterior a la Navidad; en la Noche Buena, regala bolsas de comida a las familias necesitadas de la Parroquia, por cierto que eran bastantes, recuerdo todavía las largas colas. Esta costumbre continuó también en todo el año todos los miércoles, ya que la necesidad era mucha.

En la fiesta de Reyes regalaba juguetes a todos los niños de la Catequesis, de la Escuela Parroquial y de la Escuela China.

Después de la reconstrucción de la iglesia realiza visitas al Santo Padre Pío XII en el Vaticano y a la Gruta de Lourdes en Francia. De allá se trae una imagen de la Virgen de Lourdes que dona a la iglesia y manda a construir una gruta en su honor.

Esta ocupa un lugar importante en la nave derecha de la Iglesia.

Preocupado por la formación, organizaba en distintas oportunidades cursos para Catequistas, para la feligresía en general, para los miembros de las ramas de la Acción Católica, así como sus aspirantes y socios provisionales, para los acólitos, así como hace campañas parroquiales de moralización de las costumbres, de evangelización a la comunidad, entre otras.

Comenzó a editar el Boletín Parroquial, publicación orientadora y formativa, la cual duró hasta el momento de su expulsión.

El Padre Boza, como cariñosamente lo llamaban sus feligreses, siempre realizó una labor pastoral muy intensa, siempre estaba dispuesto a servir. Vivía pobremente, y siempre trataba de ayudar a todo aquel que acudía a el con una necesidad.

Siempre se podía contar con él. Siempre estaba disponible. O estaba en su oficina trabajando o estaba en el confesionario.

Su celo misionero lo llevó a realizar labores extra parroquiales, como una labor misionera muy importante en el Presidio Modelo de la Isla de Pinos.

Esta parroquia, en aquel momento, tenía en su territorio otra iglesia que dirigían los padres jesuitas, un convento de clausura de las Madres Reparadoras, un colegio religioso masculino de los padres escolapios, dos colegios religiosos femeninos, uno de las Hermanas del Sagrado Corazón y otro de las Hermanas Oblatas de la Providencia.

No contento con esto, trajo del Santuario Nacional de la Virgen en Santiago de Cuba  a las Hermanas Sociales para ayudar a la pastoral de la parroquia.

Todos los primeros viernes de cada mes salía bien temprano, después de celebrar misa, a llevarle la comunión, la confesión y el consuelo espiritual a los enfermos de la parroquia. Yo tuve la dicha de acompañarlo en varias ocasiones, y a pesar de ser niño en aquel entonces, me percaté siempre de su dedicación y entrega a su sacerdocio, como él dejaba de ser él mismo para ser de los demás. Me parece verlo todavía con su sotana blanca algo “gastada”.

Durante el tiempo que estuvo de párroco en la Iglesia de la Caridad, crecieron las vocaciones, sobre todo las femeninas.

Él organizaba y estimulaba las visitas frecuentes de jóvenes y niños al Seminario de El Buen Pastor, con el propósito de que conociéramos la vida de los futuros sacerdotes. Varias veces asistí a esas visitas y estuve a punto de entrar en el seminario, incluso recuerdo que compañeros míos si llegaron a entrar, entre ellos el actual P. Aurelio Ferrín, sacerdote cubano radicado también en Venezuela.

Cuando el Papa Pío XII, comenzó a introducir algunos cambios en la liturgia, fue el primer párroco que puso una misa vespertina, en principio fueron los primeros viernes y después todos los domingos.

También comenzó en Semana Santa a celebrar la Vigilia Pascual en la noche.

... continuará en el próximo número