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EL ROSTRO DE CRISTO (según la Sábana Santa)
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Expresión de una mezcla de majestad y tristeza, de paz a pesar de la crueldad a que su cuerpo fue sometido. Una faz que muestra un espíritu superior, no vencido por el dolor de un cuerpo torturado. Este es el rostro que nos muestra la Sábana Santa. Jesús fue golpeado en la cara en tres ocasiones; cuando fue inicialmente condenado a morir; después de la sesión en la mañana cuando la sentencia fue ratificada, y cuando en un acto de burla recibió la corona de espinas. Su cara fue cruelmente maltratada. Sufrió excoriaciones en la ceja izquierda, los arcos orbitales y la mejilla derecha. También en el tabique nasal con el cartílago roto. La imagen de Cristo ha sido interpretada a través de los tiempos por grandes pintores como Leonardo Da Vinci, Raphael, Michaelangelo, Giotto, Masaccio, Perugino, Titian, Correggio, Sarto, Rembrandt, Velásquez, El Greco, Fra Angelico. Todas magníficas obras de arte, pero ninguna a logrado captar la majestuosidad y celestial expresión de esta imagen de la Sábana Santa. Y es que ninguno de estos maestros podía imaginar cual era el verdadero rostro de Nuestro Señor.
Cristo quiso dejar sus rasgos verdaderos para que los seres humanos lo conocieran y adoraran. Y nos dejó su rostro en la Sábana Santa. ¡Cuánto amor y paz interior podemos descubrir al observar este bello rostro! No hay mención en los Evangelios de cómo lucía Jesús. El Nuevo Testamento no ofrece ninguna información. El primer retrato que se conoce de su posible apariencia surgió a mediados del siglo tercero. También en el siglo cuarto, el quinto y siglos posteriores, y consistían de frescos, mosaicos y pinturas en catacumbas, templos y otros lugares considerados sagrados. La visionaria Anne Catherine Emmerich ofrece una breve descripción: La cabeza bien proporcionada; su frente larga; su cara oval; su pelo, lejos de ser espeso, era de un color castaño lustroso, partido al medio y cayendo sobre sus hombros; su barba no era larga, pero puntiaguda y dividida bajo la barbilla. La Sabana Santa, una tela de lino color hueso, considerada la sábana funeraria con que se cubrió el cuerpo de Cristo en la tumba, recoge todo el sufrimiento a que fue sometido Jesús durante el terrible castigo corporal y su posterior crucifixión. Y de esta Sábana Santa, que se conserva cuidadosamente en Turín, Italia, es que mostramos esta imagen de un rostro que impresiona por su celestial paz. Este es el rostro que está impreso en la Sábana Santa. Rostro de un Cristo que murió por nosotros y que nos llama para unirnos a El en el amor a Dios. |