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LA ESPIRITUALIDAD EN LUCHA A MUERTE CON EL MATERIALISMO
No es nada nuevo, pero es necesario recordar que el ser humano, creado por Dios, se compone de alma y cuerpo. De espíritu y materia, por definirlo de otra forma. Hoy la vida moderna nos acapara de tal forma nuestras actividades que prácticamente no nos queda tiempo ni para mirar a nuestro interior, ni para buscar el verdadero sentido de nuestras vidas transcendentes. Siglos atrás, al hombre, la mujer, le sobraba tiempo por lo sencilla y si se quiere monótona, que era la vida. No había libros, ni apenas escritura, los oficios se aprendían mirando y copiando. Al inventarse la imprenta por Guttemberg, a mediados del siglo XV, comenzó un cambio espectacular en la vida del ser humano que fue adquiriendo una serie de conocimientos nunca imaginados. El telégrafo, la rotativa, el teléfono, el radio, el cine, la televisión, la electrónica, las computadoras, han ido ocupando y diversificando la mente humana a grados nunca soñados siglos atrás. Todo esto, aceptando que el tiempo de que disponemos es el mismo entre sol y sol, día tras día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año, hace que ese tiempo escasee y no nos alcance para las múltiples ocupaciones en que queremos emplearlo y desgraciadamente, eliminemos o reduzcamos al mínimo el tiempo para reflexionar y valorar lo que realmente es más importante como principio y fundamento de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, caemos en el vicio inconsciente de no emplear nuestro intelecto para dar sentido a nuestras vidas con vista a la eternidad a la que sin duda estamos llamados. Un viejo adagio de nuestra fe rezaba; “Ora bebais, ora comais, hacedlo todo para mayor Gloria de Dios”. Hoy podríamos añadir: En todas las ocupaciones que la vida moderna nos ofrece y nos absorbe, encontremos siempre el tiempo para reflexionar y encontrar el verdadero sentido de nuestras vidas, que de acuerdo a nuestra lógica y fe, es más que nacer y morir. No permitamos que las múltiples ocupaciones que nos brinda el mundo de hoy nos haga olvidar el llamado a la eternidad al que sólo podemos responder con nuestro espíritu invocando a Dios. |
Por Lorenzo de Toro, Director de IDEAL | ||