Por Lorenzo De Toro

ROBERTO VILLASANTE

Mi Personaje inolvidable...


El tiempo no puede borrar, o desconocer, una vida tan extraordinaria como la de este hombre...

Porque lo conocí, ahora que lo perdimos, siento el deber de darlo a conocer a los que no tuvieron esa suerte. El tiempo no puede borrar, o desconocer, una vida tan extraordinaria como la de este hombre, HOMBRE con mayúscula, que luchó con las armas de un intelecto extraordinario y una fe inquebrantable en Dios y en su iglesia, por llevar al mundo la verdad cristiana para lograr con su ejemplo y su dedicación un mundo mejor.

Sus conocimientos religiosos lo hubieran hecho un sacerdote ejemplar, de los que tan necesitado esta nuestro mundo.  Pero Dios lo llamó a luchar desde otra trinchera, la del seglar comprometido y desde ella supo crecerse dando un ejemplo a todos los que tuvimos la suerte y el honor de ser sus testigos.

De cuna humilde, sufrió abandono y prácticamente se vio solo y enfrentado a un mundo egoísta y cruel. Su estoicismo y su tenacidad robustecieron su fe y prácticamente él, con la ayuda del Todopoderoso que lo había llamado y designado para ser nada menos que un apóstol de su fe, lo logró ampliamente. Como heroico autodidacto, creció como el que más aprovechando una memoria y una retentiva sin igual.  Leía y estudiaba a los grandes hombres de la historia y doctores de la iglesia. Hacia suyos los mejores y más sabios conceptos, discursos, poemas, historias, reteniéndolos y repitiéndolos como propios sin dejar de sazonarlos con su creatividad e iniciativa.

Desde su España querida, después de una triste niñez, cumplió con lo que estimó era su deber en el ejército haciendo heroicas y duras quintas en Marruecos.  Por designios del destino fue a Cuba donde se casó con la que habría de ser su esposa Gloria, compañera inseparable en las buenas y en las duras, con la que tuvo cinco hijos a los cuales dio formación y un ejemplo que perdura.

Su misión apostólica en Cuba lo llevó a formar parte de la redacción de La Quincena, una publicación católica que pronto, al devenir la desgracia llamada revolución castrista,  fue perseguida y obligada a cerrar. Su labor distribuyendo libros formativos religiosos y culturales también llegó a su fin.  Como tantos miles de cubanos, entre los cuales se hacia contar, emigró a los Estados Unidos donde comenzó una nueva vida, pero sin olvidar su misión profética.

Lo conocimos a finales de la década de los 60, tomando un Cursillo de Cristiandad de cuyo equipo formábamos parte. Por esos designios divinos compartió y sentó cátedra en la misma mesa (Decuria) con otro adalid del cristianismo seglar, Rafael Becil, con el que hoy, podemos afirmar, se encuentra en el Cielo compartiendo una reunión de grupo en el “Quinto Día” que proclaman los Cursillos.

Trabajó arduamente para mantener a su familia.  Dedicado vendedor viajaba por varios estados. Dotado de gran habilidad manual, se hizo experto en cañas de pescar, oficio que mantuvo hasta el final.

Hombre de oración y dotado del don de la palabra, sus charlas en el Movimiento de Cursillos, como en el Movimiento Familiar Cristiano, y en cualquier reunión que lo invitaran, eran espectaculares y admiradas por todos los que en algún momento tratamos de aprender e imitar su dedicación y maestría sin llegar nunca a alcanzar el total dominio de la materia que él poseía.

Sin duda, “el gallego”, como cariñosamente le decíamos  por su inequívoco acento, sentó cátedra en cuantos lo conocimos, no solo por su sabiduría, sino más aun por su ejemplo de bondad y amistad, siempre dispuesto a la ayuda y al buen consejo. Muchos nos alentó con sus generosos comentarios de cada número que salía de la Revista Ideal, con la cual cooperaba con una serie;“El hombre, su origen y su destino”, serie que ya ha sido plasmada en un formidable libro que no debe faltar en ninguna biblioteca.

Su pérdida es irremediable, pero su recuerdo y ejemplo perdurará siempre para los que tuvimos la dicha de conocerlo y a los que nos queda el consuelo que el buen amigo y hermano, según comentara alguien que también conoció sus virtudes, Monseñor Román, tenía ya el derecho a disfrutar del Cielo que supo ganar con una vida ejemplar.

Sirva este sincero comentario para orgullo de su familia, de cuantos le conocimos  y para los que no lo conocieron, sepan que aun hay esperanza mientras sepamos agradecer, honrar e imitar ejemplos de vida como la de este personaje inolvidable  que pasó por la vida luchando como un buen gladiador y dando ejemplo de hombre de fe y cristiano ejemplar.

   

LITURGIA DE 

LA PALABRA

Primera Lectura / Misa Funeral 20 de Dic. 2005

Lectura del Libro de la sabiduría. 3:1-9

La vida de los justos está en manos de Dios y no los tocará el tormento. La gente insensata pensaba que morían, consideraba su tránsito como una desgracia, su partida de entre nosotros, como una destrucción; pero ellos están en paz.  La gente pensaba que eran castigados, pero ellos esperaban seguros la inmortalidad.

Sufrieron un poco, recibirán grandes favores, porque Dios los puso a prueba y los halló dignos de sí; los probó como oro en crisol, los recibió como sacrificio de holocausto.

 
   

 

Misa Funeral de Roberto Villasante

Parroquia St.Kevin, Catholic Church,

20 de Diciembre de 2005

 

 

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Juan 11, 25-26

 

 

La Muerte del Maestre

Por Jorge Manrique, 1400s

(Fragmento)

 

Recuerde el alma dormida,

Avive el seso y despierte

Contemplando

Cómo se pasa la vida,

Cómo se viene la muerte

Tan callando;

Cuan presto se va el placer;

Como después de acordado

Da dolor,

Como a nuestro parecer

Cualquiera tiempo pasado

Fue mejor.

 

Y pues vemos lo presente

Como en un punto es ido

Y acabado,

Si juzgamos sabiamente,

Daremos lo no venido

Por pasado.

 

Non se engañe nadie, no,

Pensando que ha de durar

Lo que espera

Mas que duró lo que vio,

Porque todo ha de pasar

Por tal manera.

 

Nuestras vidas son los ríos

Que van a dar en la mar,

Que es el morir;

Allí van los señoríos

Derechos a se acabar

Y consumir,

Allí los ríos caudales,

Allí los otros medianos

Y más chicos,

Allegados, son iguales

Los que viven por sus manos

Y los ricos.

Este mundo es el camino

Para el otro, qu'es morada

Sin pesar;

Mas cumple tener buen tino

Para andar esta jornada

Sin errar.

Partimos cuando nacemos,

Andamos mientras vivimos,

Y llegamos

Al tiempo que fenecemos;

Así que cuando morimos,

Descansamos.

 

Este mundo bueno fue

Si bien usásemos del

Como debemos,

Porque según nuestra fe,

Es para ganar aquel

Que atendemos.

Y aun el Hijo de Dios,

Para subirnos al cielo,

Descendió

A nacer acá entre nos,

Y vivir en este suelo

Do murió.

 

Non gastemos tiempo ya

En esta vida mezquina

Por tal modo,

Que mi voluntad está

Conforme con la divina

Para todo;

Y consiento en mí morir

Con voluntad placentera,

Clara, pura,

Que querer hombre vivir

Cuando Dios quiere que muera

Es locura.