CUBA: DEL PESIMISMO 

A LA FIRME ESPERANZA

“Lo que tengo que decir, antes de que se me apague la voz y mi corazón cese de latir en este mundo, es que mi patria posee todas las virtudes necesarias para la conquista y el mantenimiento de la libertad”.  José Martí

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por Rafael Becil 

In Memoriam

En el largo camino del exilio, el pueblo cubano ha pasado por momentos de firme esperanza en el regreso al suelo patrio, libre de la tiranía que lo sojuzga, y momentos de negro pesimismo, al considerar como definitivamente perdida la libertad de Cuba.

La más importante victoria del sistema comunista es hacernos creer que el triunfo de la revolución marxista es irreversible. Puro sofisma. Es un hecho comprobado que, por antinatural y antihumano, el sistema comunista va cavando constantemente su propia tumba. La experiencia histórica nos dice que el mismo es un fracaso total en todos los órdenes. Día a día se hace patente que los males denunciados por el marxismo y utilizados como bandera de combate, no desaparecen en la sociedad comunista. Por el contrario, se agravan y surgen otros peores.

Pero los cubanos tenemos otras razones muy poderosas para vivir en confiada esperanza de recobrar la libertad para la patria. Nuestro pueblo ganó la independencia tras luchar heroicamente durante casi un siglo para conseguirla. Y en la era republicana, en medio de aciertos y desaciertos, propios de un pueblo recién estrenado en la vida política, fue perfeccionando y consolidando la república acorde con el pensamiento de los forjadores de nuestra nacionalidad. Si reflexionamos sobre los hechos y logros de esa época, sincera y desapasionadamente, descubriremos que nuestras virtudes superaron a nuestros defectos.

Los acontecimientos que actualmente se desarrollan en Cuba demuestran que el cubano no ha perdido su vocación por la libertad y su repulsa a cualquier forma de despotismo. El propio tirano ha dado a conocer el desastre producido por su sistema en los campos de la educación, agricultura, salud pública, industria y demás estructuras del “primer estado socialista de América”, desmintiendo con ello a los que por ignorancia crasa o maldad refinada han venido cantando loas a “los logros de la revolución cubana”.

Nuestro pueblo ha despertado del sueño en que lo sumió la nefasta doctrina del odio y la maldad, cuando lo arrullaba con baladas de hipócritas y utópicas promesas. Y ya despierto, su ímpetu será capaz de asestar el golpe mortal a la sangrienta tiranía que, haciéndole honor a los colores de su bandera, ha teñido de sangre el suelo de Cuba y llenado de luto sus hogares.

El tiempo lucha contra el tirano. Su imagen verdadera ya se descubre a fin de que los pueblos y gobiernos que lo exaltaron a la condición de héroe de la humanidad no tengan ya excusa para mantener su irresponsable actitud. No importa que, usando sus grandes dotes de manipulador de hechos y personas, trate de ganarse la simpatía de la Iglesia y gobiernos extranjeros, presentándose como el líder preocupado por los males que ha producido el sistema que le impuso a su pueblo y rehuyendo toda responsabilidad en la tragedia que sufre Cuba, haciendo creer que esos males son ajenos a su pensamiento y voluntad.

Sus días se acortan. Y la reconstrucción de la “Isla de Corcho” se realizará en plazo breve. El esfuerzo desinteresado de todos sus hijos, los de adentro y los de afuera, unidos en el indestructible vínculo del amor patrio, demostrará al mundo que el cubano es capaz de hacer hoy en su suelo lo que hizo con anterioridad a la desdichada hora en que el Padre de la Mentira se apoderara del poder, y lo que ha realizado en las diversas partes del mundo en que la Providencia lo ha colocado.

Entonces serán realidad las palabras del Apóstol: “Un pueblo libre, en el trabajo abierto a todos, enclavado a las bocas del universo rico e industrial, sustituirá, sin obstáculo, y con ventajas, -después de una guerra inspirada en la más pura abnegación, y mantenida conforme a ella-, al pueblo avergonzado donde el bienestar sólo se obtiene a cambio de la complicidad expresa o tácita con la tiranía de los extranjeros menesterosos que lo desangran y corrompen”.